Día del Escritor en la Argentina

Cada 13 de junio se conmemora el Día del Escritor. El festejo no es casual y se debe a que esta misma fecha, pero de 1874, nació Leopoldo Lugones en Villa María del Río Seco, en Córdoba. Lugones fundó la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) que, luego del suicidio del poeta, estableció el día de su natalicio como el Día del Escritor.

Lugones, con sus cuentos, se transformó en el precursor y uno de los pioneros de la literatura fantástica y de ciencia ficción en la Argentina. En su carrera política, tuvo contacto con el socialismo (fue uno de sus pioneros en Argentina), el liberalismo, el conservadurismo y desde 1924, el fascismo. Desencantado con la política argentina, insatisfecho por su tarea en una biografía de Roca en la que no podía avanzar y sacudido por una infidelidad, Leopoldo Lugones decide terminar con su vida en una isla del Delta, en 1938, al ingerir una mezcla fatal de whisky y cianuro.

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Vocación y oficio: Por otra parte, y a modo de celebración de la escritura, el diario El Tribuno del Norte argentino, consultó a diferentes creadores locales sobre el rol que desempeñan los escritores en la sociedad actual. Al respecto, Carlos Aldazábal, indicó: “La escritura, entendida como oficio literario, implica, antes que nada, una gran conciencia de la herramienta que se utiliza, el lenguaje. La literatura es una vocación y un oficio.El manejo técnico del lenguaje, y el conocimiento de sus tradiciones, es una obligación del escritor. Después ya juega el talento, lo que cada uno hace con ese patrimonio intangible de la lengua, íntimamente vinculado a una identidad cultural. El desafío para los escritores hispanoparlantes del siglo XXI es mantener viva la riqueza del idioma reconociendo su diversidad, y sin dejar de apostar a la creación, ese valor moderno al que alguien denominó alguna vez ‘originalidad’, pero que en un tono más acotado podríamos llamar ‘voz propia’”.

Una postura frente al mundo: Asimismo, Fernanda Agüero analizó su labor: “Siempre reflexiono sobre lo que significa ser escritor, el sentido más profundo que me lleva a decir ‘soy escritora’ o cuando alguien me nombra como tal. Pienso en la visión del mundo que tenemos cada uno y en las palabras que escogemos para escribir sobre el amor, la injusticia, la vida. Por eso siempre llego a la misma conclusión: elegimos un lugar donde pararnos para desde allí nombrar o silenciar las cosas. Las palabras que nos conforman toman su métrica, ya sea poemas, narrativa, para desde ahí decirle al mundo lo que somos”, describió.

Pagar para ser leído”: Finalmente, Juan Ahuerma Salazar, poeta y novelista, presentó una mirada crítica sobre la cuestión: “Aquí en Salta el escritor tiene que pagar para ser leído. Se extingue a los creadores poniéndolos en la condición de la indigencia. Si no, no se explica que el 98% del presupuesto de Cultura de la Provincia esté designado para solventar a la Sinfónica y al Ballet, como si las otras disciplinas no existieran”.

La economía de la palabra: Por su parte, el actor y dramaturgo Idangel Betancourt, analizó: “Cada época no solo produce una forma de escribir, también exige un tipo de relación con las realidades y esa relación es la que determina las posibilidades de la ficción. El escritor forma parte de los sistemas de producción y hoy la producción de sentido está dominada por la tecnología virtual y el consumismo, que son dos grandes campos ficcionales. Me gustaría pensar el arte como una economía de la imaginación. Por ejemplo, la economía del lenguaje virtual ha influido en la economía de la palabra. La economía de mercado ha determinado la consolidación de ciertos géneros y la cantidad de páginas que debe tener una novela. La economía visual ha puesto en crisis la imagen literaria.”

En mi opinión, hoy CELEBRO con mayúsculas tener lectores generosos, que se toman su tiempo para reseñar mis obras y las de los demás colegas, que realmente se zambullen en las historias que creamos para ellos, desmenuzando cada detalle para dedicarle el corazón entero. Así como nosotros, quienes escribimos, investigamos en pro de la literatura y para acercar nuestra alma a cada uno de nuestros leyentes.

Lejos del eterno debate de “editorializado” vs. “autopublicado”, siento que la literatura está más viva que nunca. Y quienes escribimos, ejercemos nuestra profesión intentando reflejar al máximo nuestra propia voz, al resaltar en nuestras palabras la forma que tenemos de concebir el mundo.

Por eso, y por cada saludo que recibí en el día de hoy (en público, etiquetada y en privado), les digo ¡GRACIAS por este maravilloso día y FELIZ DÍA DEL ESCRITOR a mis colegas!

¡Un beso y hasta la próxima!

 

Referencias: Diario La Nación; El Tribuno

 

La literatura en el Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia

Cuando todo quedó bajo la oscura y fría sombra de la peor noche en la historia argentina, infinidades de patios y descampados se poblaron de hoyos para enterrar libros y revistas. Algunos no llegaron a proteger sus lecturas y esos materiales fueron encontrados por las fuerzas represoras en los allanamientos que realizaban a las casas de lectores “sospechosos”. Esos libros, en manos de los hombres vestidos de verde triste, fueron pruebas suficientes para que entendieran que sus lectores eran culpables de querer una libertad que no estaba permitida. Pero la resistencia surgió en todas partes, así se agudizó el ingenio para esconder a los ojos represores aquellos libros con los que tantos momentos íntimos y colectivos se habían compartido. Un caso particular, en la provincia de Córdoba, fue el ocultamiento de la biblioteca familiar que realizaron los Gerchunoff en su casa del barrio Parque Vélez Sarsfield de la capital provincial. (Buscar mi entrada sobre este tema en los posts de la Columna literaria DiViNa en este blog)

En septiembre del 2016, desde la carrera de Bibliotecología que se dicta en el Inescer “Dr. Angel Diego Márquez”, para conmemorar el Día del Bibliotecario, se invitó a Luis Gerchunoff, uno de los hijos de esa familia cordobesa, para que contara la historia. En el referido encuentro de bibliotecarios y estudiantes de Bibliotecología también se planteó que sería un acto de justicia y de real memoria retornar todos los libros que fueron retirados de la Biblioteca Municipal y Popular. Los presentes se manifestaron de acuerdo. Aún se espera, en el 2017, que los bibliotecarios, y quienes somos escritores (y lectores), podamos ver cómo regresan a sus estantes aquellos materiales que marcaron un hito en la vida de nuestro país.

A días del 41° aniversario del golpe militar de 1976, un ensayo para La Nación Ideas, Carlos Gamerro señaló cuatro formas que la literatura nacional había adoptado para narrar las circunstancias traumáticas de la dictadura militar: denuncia, elipsis, testimonio y desacralización. Hay todavía, no obstante, pocas novelas o relatos que asuman el enfoque de los represores o de aquellos que compartían la ideología encarnada por el gobierno de las juntas militares.

Para Federico Lorenz, escritor, historiador y director del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, el abordaje del tema no pudo escapar a la matriz desde la cual se aprendió a leer esos años oscuros. “La literatura testimonial desplazó, en ocasiones, la ficción. Con el correr del tiempo, salir de ese abismo permitió que, en ondas expansivas, los escritores se abrieran a nuevos temas: la vida militante, el exilio, Malvinas… Mucho menos, aún, está incorporada la perspectiva de los perpetradores o las historias de los sectores sociales que se beneficiaron con la represión. La memoria como prisma y el paso de los años permiten explorar nuevas formas de escribir acerca de esos años, porque surgen miradas generacionales diferentes de las de quienes abrieron ese camino”, afirma.

Les dejo seis ficciones escritas a lo largo del tiempo sobre la dictadura militar iniciada en el país el 24 de marzo de 1976.

1982. Cambio de armas. Luisa Valenzuela (reeditado por Colihue en 2015) :“Es extraño cómo accedí al tema de la desmemoria cuando empecé a escribir el cuento ‘Cambio de armas’ en 1977, mientras el horror recién empezaba a traslucirse -dice la autora elegida para inaugurar la 43a Feria del Libro de Buenos Aires-. A medida que iba creciendo el personaje de la mujer atrapada en una situación marital engañosa e incomprensible, pensé que sería una novela. Con un antes de que ella cayera en esa trampa y un después, cuando logra zafar. Pero nunca pude completarla: me resultó demasiado fuerte, a tal punto que ni siquiera me animé a mostrarles el largo cuento a mis amigos por temor de ponerlos en peligro. Al año pude completar la serie de cuentos, y cuando volvió la democracia, y empezaron los juicios, supe lo acertado que había sido el argumento.”

1998. A veinte años luz, Elsa Osorio (reeditado por Colihue en 2014) : “Cuenta la búsqueda de identidad de una joven nacida en cautiverio y apropiada -indica la escritora-. Era ficción. Entonces sólo se conocían los casos de los nietos buscados por las Abuelas. En 1998 salió en España (nadie quiso editarla en la Argentina) y coincidió con la primera vez que una hija de desaparecidos, Paula Cortazza, buscó y encontró su origen. Escribir es salir de la inmovilidad, del lugar de víctima, crear, creer, provocar, contagiar.”Mientras se leía en veinte idiomas, la novela “desapareció” del país”, dijo Osorio.

2002. Dos veces junio. Martín Kohan, Sudamericana :“No fue mi interés por la política sino por la micropolítica lo que me llevó a escribir Dos veces junio -señala Kohan-. Y no fue la pregunta por el qué (qué era lo que había pasado), sino la pregunta por el cómo (cómo pudo pasar lo que pasó), lo que me impulsó y me orientó. Los realismos y los testimonios abarcaban perfectamente el modo de rendir cuenta de lo ocurrido.”

2008. Nudos, Patricia Ratto. Adriana Hidalgo : “En Tandil, donde nací, crecí y aún vivo, gran parte de la sociedad calló, miró para otro lado y tardó años en reconocer que en nuestra ciudad también había habido centros clandestinos de detención, torturadores y desaparecidos -afirma Ratto-. La novela se compone de historias fragmentarias que se van anudando en torno a tres ejes: la marginalidad, la represión y la guerra de Malvinas, y pone de relieve las cicatrices que estos males dejaron y cómo modificaron los cuerpos y los destinos de los personajes.”

2012. Una misma noche, Leopoldo Brizuela. Alfaguara: Un robo en un barrio de La Plata en 2010 desencadena en el narrador e investigador de Una misma noche el recuerdo de un episodio violento vivido en 1976. En ese entonces, Leonardo Bazán era un niño y comprendía apenas el significado de la presencia de las fuerzas policiales en su casa, la colaboración del padre con los oficiales y el silencio con el que la familia debía cubrir esa experiencia. “Últimamente imaginé un relato que contara esos diez minutos varias veces, nombrándonos cada vez con palabras diferentes. Porque basta que nos nombremos de manera distinta para que varíe todo el relato, y sobre todo, el juicio del lector. Para algunos seremos, claro, héroes. Para otros, cómplices”, le confiesa el protagonista a un amigo.

2013. Las voces de abajo, Pablo Melicchio. Simurg: Melicchio tenía 9 años cuando el fútbol argentino ganó su primera copa del mundo. “Festejé en la calle, entre la multitud, subido a caballito sobre la espalda de mi padre -recuerda el autor-. Esa pobre fotografía es todo mi recuerdo de ese mundial. Con el tiempo supe que se trató de un plan para ocultar los horrores cometidos. Años después, trabajando como psicólogo en una institución para personas con capacidades diferentes, observé que uno de los internados dejó de pronto de barrer y, mirando hacia el suelo, comenzó a hablar solo. ¿Y si se comunicaba con los desaparecidos? Con esa pregunta comencé a escribir la novela. Chiche, el personaje central, presenta por un lado un ‘retraso madurativo’ pero por otro posee un don que le permite escuchar a los desaparecidos, asesinados y enterrados en la granja donde trabaja. ¿Alguien creerá en su verdad?” En la novela, discapacidad y desaparición se articulan e intentan repararse mutuamente.

Además, el día sábado 25, en el Espacio para la Memoria y la Promoción de los Derechos Humanos ex ESIM, ubicado en Avenida de los Trabajadores 5700, Faro de Punta Mogotes (Mar del Plata), se realizará la inauguración de la nueva señalización del ex Centro Clandestino de Detención ESIM a las 16 hrs, para luego llevar a cabo la presentación del foto-libro Rescatando Memorias, del colectivo Semáforo.

Esta entrada es para introducirlos e interesarlos en este tema tan controvertido que nos hirió como sociedad y marcó “defensores” de un “bando” y del otro. Hasta que no entendamos que tenemos que unirnos, nada cicatrizará.

¡Un beso y hasta la próxima!

Referencias: La Nación Ideas, Daniel Gigena, Revista Leemos, http://www.eldiariocba.com.ar

 

 

La Silent Reading Party otra vez en el MALBA

¡Buenas tardes, queridos divinores! Estoy un poco “rezagada” con las entradas debido a que estoy terminando el primer “crudo” de mi cuarta novela, como ya les comenté en otra ocasión.

Sin embargo, no quiero dejar pasar la oportunidad de comentarles que mañana, martes 14 de marzo, se dará cita en el MALBA, museo de la ciudad de Buenos Aires, la Silent Reading Party, organizada por Disconnect Buenos Aires y Malba Literatura. Esta fiesta literaria comenzará a partir de las 18 hrs., con entrada libre y gratuita y la capacidad limitada (hasta completar la disponibilidad de la sala).

Se trata de una ceremonia de lectura, la cual consiste en lo siguiente: el hall central tomará, en el horario de cierre del Museo, la forma de un acogedor espacio de lectura con almohadas, sillones, y alfombras. Sólo hace falta traer un libro y desconectarse por un par de horas de tu rutina, tomando un rico café o un buen vino y en compañía de música en vivo. Este evento es parte de una serie de encuentros que llevan el nombre Silent Reading Parties y se han vuelto populares en ciudades como Seattle, San Francisco, y Nueva York, en los que un grupo de personas se junta con el sólo propósito de leer sin la distracción de celulares, laptops, u otros aparatos digitales, acompañados de música en vivo.

El año pasado, con la excusa de este evento, el sitio http://www.malba.org.ar/ le realizó cuatro preguntas a Jeb Koogler y Andrés Wind, organizadores de Silent Reading Party, y se las quiero compartir.

¿De dónde viene la idea del Silent Reading Party? ¿Dónde se originó y por qué decidieron traerlo a Buenos Aires?

El Silent Reading Party es un evento que empezó en Seattle, donde un grupo de personas se junta a leer en un ambiente tranquilo, normalmente en compañía de un café, cerveza o vino. Se realiza en bares, cafés, centros culturales y se está esparciendo rápidamente por Estados Unidos. La gente apaga sus celulares y dispositivos electrónicos para pasar un rato concentrados en la lectura. ¡Imaginate estar rodeado de 50 o más personas sin escuchar ningún celular que suene! Es genial. Ya organizamos dos eventos de este tipo en Buenos Aires y la recepción ha sido muy positiva.

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Han creado una iniciativa llamada Disconnect que funciona como cara de esta serie de eventos. ¿De qué se trata?

Hay una publicidad en el subte de WiFi gratuito en cada estación, que dice algo así como: “Para que siempre estemos conectados”. Esa es una de las visiones sobre el significado de la “conectividad”. Nosotros, sin embargo, tenemos una idea diferente sobre la misma, que es la que estamos tratando de promover a través de Disconnect. Los argentinos chequean sus celulares, en promedio, unas 220 veces al día. Esto pasa en todos lados, no solo acá. La gente experimenta su relación con el mundo cada vez más a través de la pantalla. Estamos tratando de incentivar la creación de un balance más sano entre el mundo tecnológico y el real. Nuestra meta es crear espacios y eventos que nos incentivan a desconectarnos por un rato de los dispositivos tecnológicos.

¿Que tipo de público se acerca a un Silent Reading Party? ¿Cómo es la onda del evento?

¡Todos son bienvenidos! Vinieron personas mayores con sus libros, muchos de veinte y de treinta, y hasta padres con hijos. Nadie queda excluido. La onda es muy casual. Si bien el evento incluye la palabra “silencio”, no es un elemento excluyente en este tipo de encuentros. La idea es que sea “tranqui” y que puedan sumergirse también en la lectura a través de la música que suena de fondo. Cada uno se instala en un lugar, junto con su libro, donde más cómodo se sienta.

Tengo entendido que uno de ustedes es argentino y el otro extranjero. ¿Cuáles son sus profesiones y backgrounds?

Sí, uno de nosotros es argentino, Andrès, que trabaja como barista y es entusiasta de la escritura. Divide su tiempo entre Argentina y Alemania. Y el otro es un estadounidense, Jeb, que se mudó a Buenos Aires hace dos años para trabajar en una ONG que apoya el movimiento del cooperativismo y las fábricas recuperadas, y se enamoró de esta ciudad en la que decidió instalarse.

Espero que puedan asistir y disfrutar de “desconectarse” para “conectarse” con nuevos mundos. ¡Hasta la próxima! Muacks :*