Bob Dylan: El Nobel indiferente – Columna emitida en Nunca Es Tarde

El Premio Nobel de Literatura es entregado cada año por la Academia Sueca a «escritores que sobresalen por sus contribuciones en el campo de la literatura». Según lo dictado por el testamento de Nobel, este reconocimiento es administrado por la Fundación Nobel y concedido por un comité conformado por cinco miembros elegidos por la Academia Sueca.

Cada año, la Academia Sueca envía las candidaturas al Premio Nobel de Literatura. Los miembros de la Academia, así como de diferentes academias y sociedades literarias, junto con profesores de literatura e idiomas, los laureados con el Nobel de Literatura, y los presidentes de organizaciones de escritores están autorizados a proponer un candidato. No están permitidas las autonominaciones. Finalmente, en octubre, los miembros de la Academia Sueca votan y el candidato que recibe más de la mitad de los votos totales es designado como el nuevo Nobel de Literatura. El galardón es presentado en Estocolmo, Suecia, en una celebración anual que se realiza cada 10 de diciembre, fecha del aniversario del fallecimiento de Nobel.

Hasta 2016, el galardón de Literatura ha sido entregado a 115 personas. Existen casos en los que ha habido controversias debido a la elección de la Academia; por ejemplo, en 1958, el ganador del Nobel Boris Pasternak fue obligado a rechazarlo debido a que se hallaba bajo presión por parte del gobierno de la Unión Soviética. De forma similar, en 1964, el francés Jean-Paul Sartre rehusó recibir el galardón, puesto que hasta entonces se había negado a aceptar cualquier reconocimiento oficial que le fuese hecho en vida (me hizo acordar a Daniel Mantovani, el personaje de la película argentina nominada al Premio Oscar, El Ciudadano Ilustre). Un total de 14 mujeres han ganado el Nobel de Literatura, el segundo premio Nobel en número de mujeres galardonadas, puesto que el Premio Nobel de la Paz ha sido otorgado a 16 mujeres en toda su historia. Desde su creación, ha habido solamente cuatro ocasiones en que el Premio Nobel de Literatura ha sido concedido a dos personas en un mismo año (1904, 1917, 1966 y 1974), así como siete años en los que éste no fue entregado (1914, 1918, 1935 y 1940–1943).

Los distintos premios se entregan cada año. Cada persona o institución laureada recibe una medalla de oro, un diploma y una suma de dinero. Esta última, determinada por la Fundación Nobel, es equivalente a unos 900 mil euros. El premio no puede otorgarse póstumamente, a menos que el ganador haya sido nombrado antes de su defunción;  y, si el premio es compartido, la cuantía de dinero se dividirá entre los ganadores, que no podrán ser más de tres personas. El premio económico depende de los ingresos de la Fundación Nobel de ese año. La finalidad de esta suma es evitar las preocupaciones económicas del laureado, para que así pueda desarrollar mejor sus futuros trabajos, promoviendo así el desarrollo de la cultura, la ciencia y la tecnología alrededor del mundo. Sin embargo, no es raro que los beneficiados opten por donar el dinero del premio a causas científicas, culturales o humanitarias. Si en una categoría particular dos personas comparten el premio, la suma se divide equitativamente. Si en cambio se trata de tres ganadores simultáneos, el comité de adjudicación puede decidir repartirla en tres partes iguales, o bien otorgar la mitad a uno de los laureados y un cuarto a cada uno de los restantes.

El premio Nobel de Literatura 2016 fue otorgado a Bob Dylan

El cantante y compositor estadounidense recibió el esperado galardón, cuyo anuncio había sido demorado una semana. Finalmente, el premio Nobel de Literatura 2016 fue otorgado al cantante y compositor estadounidense Bob Dylan, por “crear nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la música norteamericana”, informó la secretaria general de la Academia Sueca, Sara Danius.

El premiado -nacido Robert Allen Zimmerman el 24 de mayo de 1941, en la localidad de Duluth, Minnesota-, es considerado una de las figuras más influyentes de su generación. El norte de Minnesota, uno de los lugares más fríos de Estados Unidos, figura de manera recurrente, aunque indirecta, en las letras de sus canciones. “Highway 61 Revisited”, uno de sus álbumes clásicos, se refiere a la carretera que va de Minnesota a Nueva Orleans. Una canción del álbum de 1965 “Desolation Row” parece hacer referencia al linchamiento de tres circenses afroestadounidenses en Duluth en 1920. Y otra canción anterior, “North Country Blues”, cuenta la historia de una ciudad minera donde desaparecen los trabajos y a donde llega el duro invierno. Todos los años, el 24 de mayo, el día de su cumpleaños, Duluth celebra el Dylan Fest, con lecturas de poesía y competencias de preguntas sobre la vida y obra del músico.

Dylan es el segundo premio Nobel de Literatura de Minnesota, después de Sinclair Lewis (sus novelas son una sátira de la burguesía y de sus inquietudes mercantiles y religiosas. Fue el primer escritor estadounidense en obtener el Premio Nobel de Literatura en 1930). A los seis años, Dylan se mudó a la ciudad natal de su madre, Hibbing, que alberga la mina de hierro a cielo abierto más grande del mundo.

No obstante, Keyes reconoce a Hibbing en los temas de Dylan, por ejemplo, en sus tantas alusiones al viento, omnipresente en la pequeña ciudad. Guff Peterson, un trabajador de la mina de 62 años, quisiera que Hibbing al menos tuviese una estatua de Dylan. “Viene gente de todo el mundo y no hay nada que mostrarles”, constata.

No obstante, hay señales de que Dylan no pierde de vista su casa. El sábado 8 de Octubre, antes del Nobel, el conductor de radio Bushey celebró con una fiesta los 25 años de su programa semanal, con cuyos fondos se financiará el Dylan Fest. Al revisar los objetos que habían sido donados para ser subastados en la fiesta, descubrió un obsequio misterioso: un disco de Dylan firmado por el propio Bob.

“Si miramos miles de años hacia atrás, descubrimos a Homero y a Safo. Escribieron textos poéticos hechos para ser escuchados e interpretados con instrumentos. Sucede lo mismo con Bob Dylan. Puede y debe ser leído”, declaró Danius a la televisión pública SVT.

La secretaria general de la Academia Sueca agregó que el premiado es “un gran poeta en la tradición de la lengua inglesa”, “muy original” y que “ha logrado reinventarse a sí mismo, creando una nueva identidad”.

Sin ir más lejos, las primeras noticias acerca de la candidatura de Bob Dylan al premio Nobel de Literatura empezaron a llegar recién hacia fines de 1996, cuando se organizó en Estocolmo un comité de campaña, apoyado, desde los Estados Unidos, por el poeta Allen Ginsberg -miembro además de la American Academy of Arts and Letters- y Gordon Ball, profesor de la Universidad de Virginia. En su justificación, Ginsberg afirmaba: “Dylan es uno de los más grandes juglares norteamericanos del siglo XX y sus palabras han influido en varias generaciones de hombres y mujeres de todo el mundo”. Y Ball, por su lado, escribió: “Aunque es conocido como músico, sería un grave error ignorar sus extraordinarios logros en el campo de la literatura. Dylan ha devuelto la poesía de nuestra época a su transmisión primordial a través del cuerpo, revivió la tradición de los trovadores. Su obra excede los límites de la cultura popular”. Ambos comentarios eran tan precisos como protocolares. Desde entonces, su nombre ha rodado por los escritorios nórdicos. Pero antes de que esta distinción llegara Dylan recibió otros galardones, desde el Oscar por la canción “ThingsHaveChanged” (incluida en la película Fin de semana de locos del año 2000) hasta el Príncipe de Asturias de las Artes[1] (“es una de las máximas figuras de la canción, en la que combina, de una manera magistral, la belleza de su poesía y su compromiso ético”, fue el dictamen del jurado) pasando por varios Grammy.

Para él, las canciones son objetos tridimensionales: comprenden la palabra, la música y la voz. Pero Dylan advirtió siempre que lo importante de sus canciones eran las palabras y, en segundo lugar, la música. “Hace mucho tiempo que escribo canciones, y las letras de las canciones no las escribo simplemente para cubrir el expediente, las escribo para que se puedan leer. Si se le quita aquello que es propio de la canción -el ritmo, la melodía- todavía las puedo recitar”, explicó a mediados de la década del sesenta.

¿Por qué los poemas que hacen las canciones de Dylan son tan buenos? Esa es la pregunta que se hizo, y respondió con imbatible maestría, el crítico inglés Christopher Ricks -profesor, aunque ya retirado, de las universidades de Cambridge y Boston- en Dylan´s Visions of Sin , el libro más brillante que se haya escrito sobre las letras del cantante. En línea con los requisitos de otro crítico, William Empson, Ricks se propone no tanto constatar que los poemas son buenos sino mostrar cómo es que llegaron a serlo. A lo largo de la visita apasionante a los siete pecados capitales que propone el título, Ricks teje un entramado de las citas -deliberadas o involuntarias- y de las referencias ocultas que recorren, como vetas, sus poemas.

Dylan nunca se demoró en los dobleces de su propia historia; en cambio, se ocupó de encontrar y crear afinidades entre tradiciones disímiles. Hay aquí un desajuste cronológico mínimo pero no menor: los letristas de rock de los sesenta, John Lennon y Paul McCartney incluidos, se formaron con los textos de Dylan, pero Dylan no se formó con las letras de rock sino con el blues, el folk y la poesía moderna.

En Crónicas ($360), el libro fragmentario de memorias que publicó en 2005, Dylan cuenta el modo minucioso en que estudió, por ejemplo, las canciones de Robert Johnson, el cantante de blues rural de los años treinta, casi completamente olvidado a comienzos de los sesenta: “Copié las letras para examinar con detenimiento la construcción, la asociación libre que usaba, las luminosas alegorías, las verdades envueltas en la abstracción del sinsentido“. El procedimiento era claro. Como él mismo dijo: “Escribo siguiendo cadenas de imágenes”. En este sentido, la electrificación musical de Dylan -tan deplorada en su momento y entendida como una traición al folk- fue, además del efecto del espíritu de los tiempos, una demanda inmanente de los textos. Era el pensamiento de Dylan, antes que los instrumentos que usaba, aquello que se había vuelto eléctrico. Las palabras acarrearon el sonido y el timbre de los instrumentos.

El relato que arman muchas de sus canciones no progresa según las consecuciones de la retórica. “Tengo ideas y las escribo, nada más”, dijo en alguna de esas conferencias de prensa de los años sesenta.

Otra cosa es la religión. La entonación mística de muchas de sus canciones procede de William Blake, pero, sobre todo, de la Biblia. La relación de Dylan con la Biblia fue compleja y viró del interés literario a la conversión religiosa. Hacia fines de la década de 1970, abandonó la religión judía -a la que retornó sin embargo últimamente-, abrazó el cristianismo (“Jesús me tocó el hombro y acepté su invitación”, explicó) y grabó Slow Train Coming (1979) y Saved (1980), discos con letras de encendida devoción y débil poderío poético que, sin embargo, se leen como el testimonio de una experiencia y preceden a la resurrección lírica de Oh Mercy (1989).

Criptógrafo consumado, Dylan cifra las lecturas y la biografía en cada una de sus letras. En Blood on the Tracks, disco conmovedor en el que convirtió en drama su divorcio con Sara Lownds. La ambigüedad es, para el poeta, una estrategia de la supervivencia. Los poemas de Dylan son irreductibles. No se les puede dar jaque mate porque se salen siempre del tablero. Como toda la poesía que vale la pena recordar, sus versos son talismanes. Los arabescos de las palabras siguen diciendo algo cuando se pensaba que ya lo habían dicho todo.

Las mejores frases del premio Nobel de literatura en una entrevista de Rolling Stone

En 2012, cuando acababa de sacar su disco Tempest, una obra inspirada en historias trágicas, Mikal Gilmore lo entrevistó para la versión estadounidense de Rolling Stone. Acá, algunas de las frases más destacadas de esa entrevista.

Sobre el amor. “Amor es una palabra que se ha usado en exceso. El amor es arriesgar tu vida por alguien. Pero no sabés de qué se trata hasta ese momento. Cuando alguien está dispuesto a morir por vos, eso es amor”.

Sobre la Medalla de la Libertad que recibió en la Casa Blanca. “Siempre fui diferente del resto de la gente. Es como la expresión ´tus compañeros´. Uso mucho: ´Mis compañeros esto, mis compañeros lo otro´. Y yo siempre me pregunté quiénes eran mis compañeros. Cuando recibí la Medalla de la Libertad, empecé a pensar más al respecto. ¿Quiénes son mis compañeros? Después lo entendí: mis compañeros son Aretha Franklin, DukeEllington, B. B. King, John Glenn, Madeleine Albright, Pat Summitt, Toni Morrison, Jasper Johns, Martha Graham, SidneyPoitier. Esa gente. Y ellos también se distinguen del resto. Me enorgullece estar entre ellos. Rechazo más medallas y premios de los que acepto. Me llegan invitaciones de todo el mundo. La mayoría los tengo que rechazar porque no puedo estar presente físicamente para recibirlos a todos. Pero de vez en cuando aparece algo importante, como la Medalla de la Libertad. Jamás podría haberla rechazado. Los acepto para mí y sólo para mí. Y no pienso nada más al respecto. Es un honor increíble.”

Su marca en la música internacional. “Si sos un compositor convencional, no podés componer las canciones que compongo yo. Y no creo que nadie más vuelva a hacerlo de la misma manera. Creo que llevé las cosas más allá porque tenía que hacerlo. Me obligaron a hacerlo. Tenés que reformular las cosas todo el tiempo porque la vida tiene la costumbre de desplegarse”.

Su vocación, ser el mejor. “¿La mía? Igual que la de cualquier otro. Hay que ser el mejor en lo que te toca, tener talento. Es cuestión de confianza, no de arrogancia. Tenés que saber que sos el mejor, sin importar si otra gente te dice que lo sos. Y que vas a permanecer, de un modo u otro, más que cualquiera. En algún lugar dentro de vos, tenés que creer en eso”.

Sobre la inspiración. “Puedo escribir una canción en una habitación llena de gente. La inspiración te puede sorprender en cualquier lado. Es algo mágico. Realmente, es algo que va más allá de mí”.

Sobre John Lennon. “John venía del Norte de Inglaterra. Del interior. Igual que yo en Estados Unidos, así que teníamos un origen más o menos común. Ambos lugares estaban bastante aislados. Aunque el mío lo estaba más que el suyo. Pero cuando venís de un lugar así, todo está en tu contra. Debés tener el talento suficiente para superar cualquier escollo. Eso era algo que los dos teníamos en común. Teníamos más o menos la misma edad y nos habíamos criado escuchando exactamente la misma música. En un momento dado, nuestros caminos se cruzaron, y ambos ya habíamos enfrentado muchas adversidades. También teníamos eso en común. Me gustaría que todavía estuviera con nosotros, porque podríamos hablar de muchas cosas.

Era el eterno aspirante, así como un recurrente chiste entre los más escépticos y, sobre todo, más ortodoxos. ¿Un músico, cuya única obra en prosa fue un fracaso, cosechando el mayor de los premios literarios? Imposible. Pero lo imposible –y vivir a contracorriente- es lo que mejor se le ha dado a este compositor que cambió como nadie el concepto de canción popular en el siglo XX, añadiendo una particular dimensión poética a la música cantada. Y tan importante como ese determinante hecho: su influencia, reconocida por los Beatles, los Rolling Stones, Bruce Springsteen y cualquier icono del rock y el pop que venga a la cabeza, no ha hecho más que crecer a medida que ha pasado el tiempo. Ahora, con este premio, y tras haber recibido antes el Pulitzer o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, la onda expansiva da para otro siglo.

Bob Dylan gana un Pulitzer (2008)

Es el primer músico de rock que recibe este premio, “por su aportación a la música y cultura americanas”. Bob Dylan recibió el premio Pulitzer otorgado por la Universidad de Columbia, los periódicos Washington Post y New York Times y la agencia Reuters “por su profundo impacto en la música y la cultura popular americana, gracias al poder poético de sus composiciones”. Se convierte así en el primer músico de rock que recibe este premio. Los Pulitzer están considerados como los premios de mayor reconocimiento en prensa escrita, literatura y música En Estados Unidos.

Dylan y su influencia

Dylan fue visto como un portavoz generacional, sorprendiéndose de su capacidad de captar la agitación, la desorientación, los desamparos y los ideales de aquellos convulsos sesenta. Con sus más de seis minutos de canción, rompiendo en 1965 el molde de single y reventando el concepto de radio comercial, Like a Rolling Stone conquistó el territorio de la ruptura generacional de los sesenta, más que cualquier novela, obra de teatro o película. Como dijo el poeta estadounidense David Henderson, no se trataba de una canción, sino de “una epopeya”.

Esquivo e imprevisible, Dylan hace historia al ser el primer músico que consigue el premio Nobel de Literatura. Ya en 1965, cuando la prensa norteamericana le calificaba del gran poeta de su tiempo, el músico decía: “No me llamo poeta porque no me gusta la palabra. Soy un artista del trapecio”. Durante más de medio siglo, su paso por el trapecio ha sido un irrepetible ejemplo para otros muchos más artistas y personas de todo el mundo que reconocen una deuda con sus letras, con su visión del mundo. Bruce Springsteen dijo una vez: “Si Elvis Presley liberaba tu cuerpo, Bob Dylan liberaba tu mente”. Esa capacidad, al alcance de los mejores creadores, es esencia misma de la mejor literatura, de la más trascendente y admirable obra artística.

#ExcusasBobDylan

Tal vez Dylan se presente el 10 de diciembre en Estocolmo. Tal vez no. ¿Quién le teme a la Academia Sueca? Dylan no necesitaba el Nobel pero la Academia sí lo necesitaba a Dylan. Necesita que el galardón siga generando polémica, que se convierta en trending topic y sea tapa en cada rincón del planeta. Viven de eso.

Desde el año 1996, cuando fue postulado por primera vez, Bob Dylan suena como una excentricidad para un premio literario. Hasta que llegó su momento. Una primera hipótesis para esta elección es que la decisión estuvo influenciada por las elecciones en Estados Unidos. Es simple. Ante la amenaza que simboliza Donald Trump, la Academia decidió elegir a un cantautor folk que creó “nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense inglesa”. Una forma de provocación pero también una elección, en algún punto, políticamente correcta: Dylan es la voz de los desposeídos, de los esclavos, la voz del Estados Unidos profundo. Allí está esa susurrada canción “Desolation Row”, del disco homónimo de 1965, donde parece hacer referencia al linchamiento de tres circenses afroestadounidenses en Duluth en 1920 y también aquella “North Country Blues”, en la que cuenta la historia de una ciudad minera donde falta el trabajo y llega un invierno atroz. Son los lugares de su origen que cimentaron una poética singular.

 Dos canciones que me gustaron de Bob Dylan

Masters of War (Señores de la guerra). 1963

Venid señores de la guerra,

vosotros que fabricáis todas las armas,

vosotros que fabricáis mortíferos aviones,

vosotros que fabricáis todas las bombas,

vosotros que os escondéis tras muros,

vosotros que os escondéis tras escritorios,

sólo quiero que sepáis

que veo a través de vuestras máscaras.

Vosotros que no habéis hecho nada

salvo construir para destruir,

vosotros jugáis con mi mundo

como si fuera vuestro juguete,

vosotros ponéis un arma en mi mano

y os quitáis de mi vista,

y os volvéis y corréis lo más lejos

cuando las balas vuelan raudas.

Como el Judas de antaño

mentís y engañáis,

una guerra mundial puede ser ganada

queréis que me crea,

pero veo a través de vuestros ojos

y veo a través de vuestro cerebro

como veo a través del agua

que corre por mi desagüe

Vosotros ajustáis todos los gatillos

para que otros disparen,

luego os apartáis y esperáis

cuando las listas de muertos aumentan,

vosotros os escondéis en vuestra mansión

mientras la sangre de los jóvenes

se escapa de sus cuerpos

y se hunde en el barro.

Vosotros habéis extendido el peor miedo

que jamás pueda ser gritado,

miedo a traer hijos

a este mundo,

por haber amenazado a mi hijo

nonato y sin nombre;

no valéis la sangre

que corre por vuestras venas.

Cuánto sé yo

para hablar así a destiempo,

puede que digáis que soy joven,

puede que digáis que soy ignorante,

pero hay algo que sé,

aunque sea más joven que vosotros,

y es que ni siquiera Jesús jamás

perdonará lo que hacéis.

Permitirme haceros una pregunta,

¿es tan bueno vuestro dinero?

¿comprará vuestro perdón?

¿creéis que lo hará?

Me parece que descubriréis

cuando vuestra muerte cobre su peaje,

que todo el dinero que hicisteis

nunca podrá salvar vuestra alma.

Y espero que muráis,

y que vuestra muerte venga pronto,

seguiré vuestro ataúd

en la pálida tarde,

y esperaré mientras sois bajados

a vuestro lecho de muerte,

y me quedaré sobre vuestra tumba

hasta asegurarme que estáis muertos.

Lovesick (Harto del amor). 1997

Voy caminando por calles que están muertas.

Voy caminando, caminando contigo

en el pensamiento.

Mis pies están cansados, mi mente confusa

Y las nubes están sollozando.

¿Oí a alguien decir una mentira?

¿Oí el grito lejano de alguien?

Hablé como un niño

Y me destruiste con una sonrisa

Mientras dormía.

Estoy harto del amor Pero estoy inmerso en el.

Estoy muy harto de esta clase de amor.

Veo, veo amantes en el prado.

Veo, veo siluetas en la ventana,

Los miro hasta que se marchan

Y me dejan abrazado

A una sombra.

Estoy harto del amor, oigo sonar el reloj.

Estoy harto del amor,de esta clase de amor.

A veces, el silencio puede ser como un trueno.

A veces, quiero echarme a la fuga

¿Podrías ser fiel alguna vez?

Pienso en ti

Y lo dudo.

Estoy harto del amor,

ojalá nunca te hubiera conocido.

Estoy harto del amor,

Estoy tratando de olvidarte.

No sé qué hacer,

Daría cualquier cosa

por estar contigo.

 

Referencias: http://www.lavanguardia.com/, http://www.infobae.com/, Pablo Gianera, LA NACION, http://cultura.elpais.com/cultura

[1] Se entregan en Oviedo. Cada Premio consta de un diploma, una escultura de Joan Miró representativa del galardón, una insignia con el escudo de la Fundación Príncipe de Asturias y una dotación en metálico de 50 000 euros. Si el premio fuera compartido, corresponderá a cada galardonado la parte proporcional de su cuantía.Según las bases, pueden presentar propuesta razonada de candidatos a los Premios Príncipe de Asturias los galardonados en ediciones anteriores, aquellas personalidades e instituciones a quienes la fundación invite, las embajadas españolas, las representaciones diplomáticas en España, los integrantes de cada uno de los jurados respecto de los otros premios, así como personalidades e instituciones de reconocido prestigio.

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5 pensamientos en “Bob Dylan: El Nobel indiferente – Columna emitida en Nunca Es Tarde

  1. Muy buena la columna, siempre enfocando temas de actualidad , leí comentarios de gente que está en contra… para mí, está muy bien el premio Nobel otorgado a Bob Dylan..
    Te felicito y hasta la próxima.
    Besos
    Cata

    • Hola, Cata! La idea era conocer un poco su camino hasta el Nobel y que todos opináramos con información. Es decir, no oponerse o estar a favor por el hecho de hacerlo. Me alegro mucho que te haya gustado. Beso enormeeeeeee y hasta la próxima! Muacks!

  2. Tanto rollo que se armó porque fue con música y no sólo prosa y verso; por lo controvertido de sus letras y hasta por su aspecto.

    Sus letras están llenas de realidades a veces tan suyas, a veces tan mías, siempre de la vida misma y el sentir del hombre en ella.

    Al ser galardonado Dylan sólo se abre la posibilidad de la oportunidad a tantas expresiones ya conocidas y por descubrir.

    Excelente tu artículo Naty! 👏👏👏

    • Muchas gracias, Lu! A mí me sorprendió todos los premios obtenidos antes del Nobel. Claramente, merecido. En lo particular, no conocía su música en profundidad, pero sus letras me gustaron mucho. Beso y GRACIAS por leer, comentar y compartir, bella. Muacks!

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