El amor en tiempos de desuso – Relato/radioteatro original para la Columna de Nunca es Tarde

Buenas, muy buenas, ¿cómo están? Aquí están las palabras que ustedes han elegido divinamente a través de la encuesta. ¿Fueron las que querían? 

MELIFLUO: Un sonido excesivamente dulce, suave o delicado

SERENDIPIA: Hallazgo inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta.

INEFABLE: Algo tan increíble que no puede ser expresado en palabras.

APODYOPSIS: El acto de desvestir mentalmente a una persona.

FILOFOBIA: Miedo a enamorarse.

PETRICOR: Es el nombre que recibe el olor que produce la lluvia al caer sobre suelos secos.

Estoy feliz de que apoyen cada nueva propuesta que les traigo y de haber hecho el segundo radioteatro en mi vida. ¡Y ojalá les guste el relato que me ayudaron a idear sugiriéndome estas bellas palabras!

Recuerden que pueden escuchar mi columna todos los martes a las 16.45 hrs  en el programa NUNCA ES TARDE (Lun.-Vier. de 16 a 18 hrs) con Facundo Flores y Federico Carestía que se emite por RADIO X5 FM 91.3 de La Plata, o desde internet: http://www.X5radio.com.ar

¡Gracias por seguirme, comentar y compartir! Hasta la próxima❤

 

El amor en tiempos de desuso

Martes. Primavera. Lluvia suave. Comienzo a caminar después de dos días encerrada en la cabaña. Fabián se fue enojado. Lo supe por el tono de su voz y porque ese sonido melifluo que tanto conozco y su respiración no eran las de siempre. Él no es como esos hombres que te dan miles de vueltas o te intentan explicar lo inexplicable con tal de chamuyarte y que hagas lo que quieren. No. Él tiene claro lo que desea y no duda. ¿Y por qué pienso esto en estos momentos? Porque hace minutos él y yo iniciamos una conversación en la cual quedamos expuestos. Pero yo… Yo padezco “filofobia”. Ojo, que no lo estoy diciendo por boca de jarro, sino que me lo dijo mi psicóloga con todas las letras en la última sesión. ¿Tan traumada pude haber quedado después de la mentira de quienes más quería?

Volviendo a lo que les estaba contando, la semana pasada nos enviaron desde la Facultad para estudiar los cambios que se dieron en la flora del Tigre debido a las modificaciones climáticas de los últimos años y, en lugar de descubrir nuevos tipos de hongos, estoy tratando de entender los cambios de humor de mi compañero. Hace unos días me regaló un libro hecho por él, con “términos difíciles”, para que pudiéramos entendernos en esta pseudo convivencia estudiosa que nos habían impuesto. ¡Es que a veces Fabián parece salido de una película de Tita Merello! Lo trajo envuelto con cintas de papel reciclado y un ramito de jazmín del cielo, mi flor preferida. Recuerdo que al abrirlo el aroma que me invadió fue una mezcla de su perfume con el típico olor que produce la lluvia al caer sobre sobre el pasto. Cuando se lo comenté me dijo que eso tiene un nombre y se llama petricor. Lo miré y sonreí. Podría vivir jugando a hablar en difícil con este chico, me dije. En ese momento no lo entendí, pero el mismo olor a pasto húmedo de lluvia acaba de sorprenderme y es un latigazo mental que repercute directamente en mi corazón. Sí, tengo miedo. Pero soy capaz de intentar lanzarme otra vez al precipicio que significa amar y eso me provoca una emoción inefable e inmensa que lo inunda todo.

Aún no recuerdo ni cómo empezó la discusión. Hace tres horas habíamos comenzado un juego basado en su libro, en el cual no sólo había que adivinar el significado sino también representar como pudiéramos la palabra que tocara al azar. Tampoco nos poníamos de acuerdo en si los términos que él había elegido para jugar eran inventados o realmente existían. Me preguntó si lo estaba llamando mentiroso y le respondí que estaba manejando el juego para ganar puntos. Nos reíamos cada vez que el otro sugería significados imposibles o hacía movimientos raros hasta que llegamos al término apodyopsis. Y me tocó adivinar a mí, claro.

―APODYOPSIS ―me dijo intentando esconder una sonrisa.

―¿Y eso?

―Eso es lo que te toca adivinar y representar…

―Quiero opciones.

―Te digo el significado porque ya bastante tendrás con el desafío de representarla. Es el acto de desvestir mentalmente a una persona…

Lo miré desconcertada porque no sabía cómo arrancar. Cerré mis ojos y comencé a describirlo. Hablé de su cara, que cuando está desprovista de su barba perfumada y perfectamente recortada lo hace lucir más joven de lo que es. Describí sus brazos fuertes escondidos tras sus remeras gastadas, que me sostuvieron el otro dia cuando casi me caigo al río bajando del bote. Su pecho que sube y baja cada vez que se tienta a carcajadas frente a cualquier chiste. Sus manos generosas que siempre buscan ayudar como aquella vez que organizamos una colecta para rescatar de la bancarrota al club de mi barrio. Sus palabras amables y sus maneras de regalar su tiempo para aquellos que no entienden o necesitan aprender con otros modos. Su mirada franca que escondía sentimientos que más tarde comprendería… Él. Cuando abrí los ojos y vi su expresión, temí. Otra vez mi filofobia. Otra vez mi corazón mostrándome la inefabilidad de mis sentimientos. Me había enamorado y Fabián se había dado cuenta. Pero ¿por qué se fue en lugar de quedarse o decirme algo?

Lo encuentro parado frente al tronco de un árbol que despide una luminosidad inusual. Me sorprende verlo con una ropa distinta de la que tenía hace minutos, vestido como si estuviéramos en el Buenos Aires del 1900.

―Perdoname por irme repentinamente, pero me describiste tan bien que no supe qué hacer… Siempre decís que hay que ser sincero con el otro cuando se ama… Y bueno, la única  forma que encontré fue ésta: mostrarte quién soy y de dónde vengo… ―Sigo desconcertada. Suspira antes de confesarme algo inesperado. ―Lucía, yo nací hace un siglo atrás y por eso siempre parece que hablo “raro”, o pongo caras cuando mencionan cosas de nuestra edad pero que no viví al mismo tiempo que todos… ―No entiendo nada y sus palabras me suenan a una broma de mal gusto. De todas formas, me centro en lo que acabo de escuchar. ¿Dijo que me ama? ―Lo que quiero expresarte es que, si estás dispuesta y nada te ata a este momento de tu vida, vuelvas conmigo a 1925. Mi tiempo se acaba mañana y te prometo que haré lo imposible para que te adaptes y podamos ser felices. Además, necesitamos compartir nuestros descubrimientos para crear la vacuna que está buscando el doctor Mazza contra el Chagas. Nadie le cree pero pude comprobar que, gracias a él y a su alianza con la penicilina de Fleming, muchos años después se salvaron miles de vidas… ―Lo dijo todo demasiado rápido, de un tirón, y no me dio tiempo a procesar. ―Sé que todo esto puede sonarte ridículo e inverosímil, pero tendrás que confiar en mí y acompañarme a través del portal que se encuentra justo detrás de mí…

―¿Cómo dijiste ayer que se llamaba hallar algo mientras se está buscando otra cosa distinta?

Fabián sonríe. ―Serendipia.

―¡Eso! Ahora puedo aplicarlo… Mi corazón y mi mente buscando entender el amor que nos sorprendió en el medio de este viaje para terminar descubriendo que sos un médico que viene de otra época buscando solucionar los males de una enfermedad casi incurable… Nunca mejor dicho: serendipia.

Toma mis manos y me mira con ilusión: ―Entonces, ¿me vas a acompañar?

Lamento lo que está por suceder, y sé que me voy a arrepentir eternamente, pero sería una locura irme a vivir la vida de otra persona. Me toca ser sincera conmigo misma antes que con el supuesto amor de mi vida recién hallado.

―No, Fabián. La respuesta que esperás no es la que te daré. Prefiero mil veces que suframos un tiempo antes que terminar odiándonos por no encajar en las necesidades del otro…

No discute ni intenta convencerme. Suspira, cabizbajo, derrotado, e incluso, hasta podría decir que lo veo dudar y barajar la posibilidad de quedarse. Luego de despedirnos y jurarnos que en algún otro plano nos encontraríamos, ya fuera a través de nuestros escritos o de nuestros descendientes, se dirige hacia el portal que lo había traído a mi vida y desaparece. Verlo partir en forma de luz a través de ese túnel me deja shockeada durante media hora. Comienzo a sentir frío por la humedad de la lluvia en mis prendas y regreso a la cabaña.

Vuelvo a Capital a la mañana siguiente y voy a la Biblioteca para buscar qué pasó con Fabián y la información que se llevó al siglo pasado. Después de medio día sin encontrar nada lo veo. Una foto lo muestra feliz, abrazado a los doctores Mazza y al brasileño Carlos Ribeiro Justiniano das Chagas (el descubridor del Mal de Chagas en 1912). Sonrío mientras unas lágrimas empapan las hojas del ejemplar que estoy consultando en la hemeroteca. Un impulso hace que le escriba una carta usando las palabras “raras” que él me había enseñado.

Fabián, mi amor: Tu meliflua voz llega hasta mí todo el tiempo como en sueños. Mi filofobia nos separó, pero el petricor de la tarde que compartimos siempre me acompañará. La inefable serendipia que nos unió y jamás nos alejará provocó que la palabra apodyopsis nos mostrara, sin querer, la inmensidad de nuestros sentimientos. Me alegro de verte tan feliz y realizado y saber que pudiste formar una familia. Nos vemos pronto. Hasta siempre. Lucía.”

Días después se la llevo a su bisnieta que vive en Palermo. Como si conociera nuestra historia, Justina me recibe con naturalidad y calidez, tomamos un té y también me entrega una carta. Me explica que la misiva había pasado de mano en mano esperando que un día una mujer rubia llamada Lucía llegara a su casa con otra similar. La recibo emocionada y temblando, esperando con ansiedad quedarme a solas para saber qué me habría escrito mi amor y cómo habría adivinado esta coincidencia.

Mi amada Lucía, antes de confesarte todo en el Tigre, e imaginando que podrías elegir quedarte en tu tiempo, averigué que mi bisnieta vive en Buenos Aires y dejé como última voluntad en mi testamento que te llegara esta carta. En el sobre encontrarás fotos, recortes y todo lo que pude ir recolectando a través de los años para mostrarte nuestros logros. Y digo “nuestros” porque juntos descubrimos cosas que nos ayudaron en avances para la vacuna. Deseo que seas todo lo feliz que te mereces. Mientras tanto, te abrazo a través de los siglos.

De esta forma y por medio de las palabras, Fabián y yo, cerramos un círculo virtuoso que nos acompañaría toda la vida hasta reencontrarnos.

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6 pensamientos en “El amor en tiempos de desuso – Relato/radioteatro original para la Columna de Nunca es Tarde

    • Catyyyyyyy, linda! ¿Vos decís que estamos para actores el conductor y yo? Ay ay ay, otra actividad más no, por favor! jijiji Costó porque las palabras que me dejaron no eran “cotidianas”, pero me gustó algo “diferente”. Besuchi y gracias. Hasta la próxima!

  1. Reblogueó esto en Corazón Literarioy comentado:
    “Hace tres horas habíamos comenzado un juego basado en su libro, en el cual no sólo había que adivinar el significado sino también representar como pudiéramos la palabra que tocara al azar.ace tres horas habíamos comenzado un juego basado en su libro, en el cual no sólo había que adivinar el significado sino también representar como pudiéramos la palabra que tocara al azar”

  2. 👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏

    No es por presumir pero “mis” palabras formaron parte de un relato que cumplió en toda regla ese ufff que pedí. Muestra que no necesitas “desnudar” literal a un personaje el contacto tan básico como el beso para transmitir el “grueso” del amor y admiración hacia la otra persona. Se puede comprobar la gran fuerza de las palabras. Aahh!! Una historia como me gustan. ¡Muy bien equipo! ¡Enhorabuena Naty! Linda dinámica y excelente resultado.

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