La historia de un Nobel que se preocupa en priorizar la cultura antes que los prejuicios (Columna literaria emitida en NUNCA ES TARDE)

Si les dijera “un Nobel en una cárcel argentina” ¿ustedes qué pensarían? ¿La cultura sirve siempre o solo en determinados espacios? ¿Está bien que la Universidad invierta recursos (humanos y dinerarios) en una cátedra especial y en alumnos que supuestamente no le darán (según la opinión de algunos) la importancia que merece?

Estas preguntas pueden ser respondidas con el ejemplo de Cotzee. En su segunda visita[1] al penal bonaerense de José León Suárez, John Maxwell Coetzee (J.M.Cotzee, 66 años, Premio Nobel de Literatura 2003 y Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de General San Martín en 2014), continúa llevando la literatura a la cárcel a través del Centro Universitario San Martín (CUSaM)[2]. La actividad es parte de su cátedra en la Universidad Nacional de General San Martín (UNSaM o UNSM). Desde que se hizo cargo de la cátedra Literaturas del Sur (África, América Latina y Australia) de la UNSaM, en abril de 2015, dos veces al año visita Buenos Aires con dos colegas de Sudáfrica y de Australia alternadamente. La actividad que se desarrolla en el Campus Miguelete incluye la visita al penal de José León Suárez. Ya ha pasado por la experiencia de visitar la cárcel, aquí y en su Sudáfrica natal, luego del apartheid. “Voy para ver la realidad, y porque hay gente que está presa y no debería estarlo. Gente que podría aportar mucho a la cultura real y social…“. La cátedra Literaturas del Sur  concluye el martes 26 de abril en la Universidad de San Martín.

El escritor  que presentó el miércoles 20 a las 19 hrs, en el MALBA “Las manos de los maestros”, una compilación de ensayos sobre varios autores que lo marcaron en cuanto a lo social; y en la Feria del Libro disertó el pasado viernes 22, a las 18.30, en la Sala Roberto Arlt, estuvo acompañado por el profesor y editor Ivor Indyk y la escritora Delia Falconer, fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2003 por «la brillantez a la hora de analizar la sociedad sudafricana», según el acta de la Academia Sueca. Autor de desconcertantes y desgarradoras narraciones, Coetzee creció en Ciudad del Cabo en una sociedad marcada por el racismo y la violencia. Coetzee sitúa sus ficciones en un contexto posterior. Para el flamante Premio Nobel, «el final del apartheid no significó el final de la violencia». Sus obras, marcadas por un estilo simbólico y metafórico, cuestionan el régimen del apartheid y cualquier tipo de racismo, y exploran sus negativas consecuencias en el hombre y en la sociedad. En la actualidad desempeña funciones como investigador en el Departamento de Inglés de la Universidad de Adelaida (Australia).

Mondadori ha sido la editorial que más se ha ocupado de un escritor minoritario y desconocido en Argentina. Este sello ha publicado sus novelas más destacadas:

Desgracia (trata acerca de un profesor de literatura marginado del mundo por acoso sexual. David Lurie, divorciado, es profesor de Poesía Romántica en una universidad de la Sudáfrica pos apartheid. Una vez a la semana se ve con Soraya, una prostituta malaya de alto standing. Se preocupa por la seguridad de su hija, que vive en una granja perdida en medio del campo. David es un hombre privilegiado, pero abusa de su posición académica para tener una aventura con Melanie Isaacs, una joven estudiante mestiza. Después de un juicio bastante inquisitorial por parte del tribunal universitario, en el que rehúsa defenderse por orgullo, se ve obligado a dimitir. Decide refugiarse en la granja de Lucy y conoce a Petrus, un hombre negro que echa una mano a su hija. Tres jóvenes negros atacan al padre y violan a la hija un día que Petrus no está. David no puede defender a Lucy y empieza a sospechar que Petrus se ausentó a propósito. A pesar de todo, Lucy está empeñada en quedarse en la granja y acaba aceptando un curioso acuerdo con Petrus con tal de salirse con la suya)

La edad de hierro (un retrato amargo y áspero, de una Sudáfrica en la que dos personajes que no tienen nada en común, aúnan fuerzas para aliviar y sobrellevar su dolor. Ella es una mujer madura de compleja personalidad que está enferma de cáncer. Y él un vagabundo, un desheredado de la tierra en busca de un rincón en el que cobijarse. Una historia para ver que mundos tan dispares pueden unirse.), aborda de manera directa el problema del apartheid.

En medio de ninguna parte (En una remota granja de Sudáfrica, Magda, la protagonista de esta conmovedora historia, observa el paso de la vida como mera espectadora. Excluida, sin madre y apartada de las actividades que tienen lugar en su entorno, Magda sufre en silencio la dureza del desierto y la tiranía de un padre que la condenó desde el momento en que nació mujer. Como vía de escape a dicha insatisfacción, se dedica a escribir en un cuaderno sus sentimientos e impresiones).

Esta vez, lo acompañaron dos autores australianos, Delia Falconer e Ivor Indyk, que están en Argentina por la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. A sus “alumnos” del Cusam les cuenta sus experiencias y compara: “Las cárceles sudafricanas son más fuertes en materia de vigilancia“. Tiene razón: en José León Suárez no hay revisión para los visitantes al Cusam. Y cuando ingresa en el Centro de Estudiantes Azucena Villaflor, Martín Bustamante (convicto con salidas transitorias los fines de semana), con sus propios libros en la mano, reitera ese saludo. Bustamante el 6 de mayo próximo en la Sala Ortiz de la Biblioteca Nacional presentará sus libros de poemas Agua quemada, y es un orgullo tanto para él como para el CUSaM.

¿Y qué hace este gran escritor en la prisión? Escucha con atención la producción de los talleres y los incentiva a seguir adelante con la literatura. Pero no da discursos ni hace referencia a sus obras. Se enfoca en ellos. Cada año los saluda mirándolos a los ojos y les dice: “Reconozco algunas caras y nombres del año pasado. Me encantaría venir otra vez, pero espero que algunos de ustedes no estén acá“. Y no les dice, quizá por su timidez, que los recuerda casi a diario porque en la biblioteca de su casa en Australia tiene el aljibe artesanal que le regalaron el año pasado. Coetzee busca la “comodidad e igualdad”, sin distinciones, y por eso pide para sus clases/charlas un semicírculo de sillas en las que se ubican él, Falconer, Indyk, y Gabriela Salvini (directora del Cusam). De frente a ellos, en bancos de escuela, convictos, profesores y guardiacárceles siguen las lecturas y se intercambian algunos mates en silencio. Las dos horas de encuentro son fuertes aunque pasan rápido por la producción de poemas, crónicas y relatos que se suceden en las voces de sus autores y que Ricardo Finocchiaro, que oficia de traductor, se enfoca con cuidado en pasar al inglés. Los asistentes no dejan de remarcar el orden y la tranquilidad con la que hablan. No se superponen. Esperan su turno.

En su primera experiencia en una cárcel, Ivor Indyk pregunta cuánto se ha publicado. Y cuenta su experiencia en la Western University, de Sydney, donde “lo más importante es enseñar a encontrar su voz o múltiples voces”. Y los alienta, aunque “a veces se tarde tiempo en encontrar la voz, pero, cuando se encuentra la voz, todo se torna más fácil y la gente la escucha y es lo más importante.” Delia Falconer sorprende a los escritores al decirles que lee el español con fluidez y pedirles las piezas presentadas para llevárselas a casa y analizarlas con detenimiento. Todos le entregarán sus obras. Muchos hasta las dedicarán y le agradecerán personalmente, con emoción.

En esta ocasión, también visitó el penal el cineasta portugués Paulo Branco, que vino a Buenos Aires a presentar un documental en el Bafici y quiso conocer el penal. Inés Branco, una hija suya, que ahora estudia en la Sorbona, pasó un tiempo en la Unsam y conoció los talleres del penal de José León Suárez y a Mario Cruz, que filmó el cortometraje Cosa de niños, en el que expone las dificultades de los barrios marginales cercanos al penal, donde fundó el Centro Cultural de los Amigos. Coetzee y sus colegas le dan paso a la presentación de Branco. El Nobel saca del morral una gorra con visera. Se la calza en la cabeza y, bajo la lluvia torrencial, vuelve a atravesar las 13 puertas enrejadas en las que volverán a pronunciar su apellido de al menos 13 formas distintas antes de salir a la calle.

Quiero terminar con la frase preferida de “Pólvora” Gómez, uno de los convictos asistentes a la cátedra de Coetzee, más convencidos de que “ser escritor es más que ser chorro“.

¡Gracias por seguirme, comentar y compartir!

Recuerden que pueden escuchar mi columna todos los martes a las 16.45 hrs  en el programa NUNCA ES TARDE (Lun.-Vier. de 16 a 18 hrs) de Facundo Flores y Federico Carestía que se emite por RADIO X5 FM 91.3 de La Plata, o desde internet: http://www.X5radio.com.ar

Hasta la próxima ❤

Fuentes:

http://www.lanacion.com ; Wikipedia ; http://www.unsam.edu.ar/home/cusam.asp

[1] Miercoles 13 de Abril

[2] La Universidad a través del Centro también dicta Sociología y Trabajo social, y desarrolla talleres de poesía, de narración y de teatro

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6 pensamientos en “La historia de un Nobel que se preocupa en priorizar la cultura antes que los prejuicios (Columna literaria emitida en NUNCA ES TARDE)

  1. Me parece loable la acción que realizan y de resaltar “…hay gente que está presa y no debería estarlo…” El ir y dejarlos soltar lo que tengan que decir, en este caso escribiendo y compartiendo es un respiro profundo que mengua la impotencia y hace retomar la esperanza. Una Catarsis.

    En lo particular no he leído a Coetzee así que a la lista de lo que hay que leer.

    Una gozada leerte. Hasta la próxima.

    • Lu, me pasó igual: no lo conocía. Para armar la columna leí mucho sobre su vida, sobre su camino escrituril y acerca de su compromiso social y quise dedicarle unas palabras en mi espacio de cada martes. Fue una de las columnas que más disfruté escribir y debatir con mis compañeros y oyentes. Gracias por estar siempre, querida amiga de letras. Beso!

  2. Muy buena e interesante la columna de Un Nóbel en la cárcel , dá para el debate, pienso en lo personal que está bien que se den segundas oportunidades a quienes se equivocaron en su vida y quieren redimirse e insertarse nuevamente en la sociedad. A veces no se debería juzgar a la ligera,porque nadie sabe la situación individual de cada persona.
    Felicitaciones como siempre, tratás los temas con mucho respeto.
    Un beso.
    Cata

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