Los libros y la censura cultural durante la dictadura argentina (segunda parte) – Columna emitida en NUNCA ES TARDE

Enfrentamiento y chicanas entre los escritores

“La Argentina bajo la dictadura vivió un “genocidio cultural“. Esa fue la metáfora que usó Julio Cortázar para definir el panorama que se padecía desde 1976. Lo escribió en la revista colombiana Eco, en noviembre de 1978 en un artículo titulado “América latina: exilio y literatura“, donde da cuenta de las perversiones de un régimen criminal que aniquila y censura a todo aquel que exprese intereses discordantes con su proyecto sanguinario. También denunció, de forma dramática, que en Argentina se estaba produciendo un “genocidio cultural”. En 1980, dos años después, Liliana Heker tomó ese artículo y le respondió desde la revista cultural argentina El Ornitorrinco (revista cultural y foro político de resistencia a la última dictadura militar argentina, que pertenecía a lo que se denominaba “género subterráneo” por tocar temas como la insurrección popular en países latinoamericanos, los Derechos Humanos, el lugar del escritor, el vínculo entre estética y política, entre otros) rechazando esa calificación. Heker reivindicaba “todos los avances frente a los límites impuestos por el régimen” y exaltaba la capacidad de los intelectuales de pensar “a pesar de todo”; y decía que Cortázar había dividido el campo literario local entre los que se fueron y los que se quedaron. Mientras que Cortázar le respondía explicándole que el exilio es un arma que tiene el escritor para reaccionar ante la censura, para convertir su negatividad en una nueva toma de realidad y la literatura es el mejor camino: “Esa visión extrema del exilio como pura infamia y puro desprecio, me ha llevado paradójicamente a invertir totalmente su signo, a asumirlo como positividad, como un valor y no como una privación. (…) Por otro lado, representa una estrategia y un arma de combate, en la medida en que no aceptan la negatividad con la cual tanto cuentan las dictaduras”. Ante el exilio y las prohibiciones, Cortázar encuentra en la literatura, especialmente la fantástica, un modo de responder frente a situaciones de violencia, como en el caso de las desapariciones, pero su objetivo es también reclamar una toma de conciencia del lector colectivo que se identifica con la realidad literaria y con la del sistema opresor establecido. El escritor argentino acuñará la expresión “exilio interior” para nombrar la situación de aplastamiento de los jóvenes valores por parte de las dictaduras en los respectivos regímenes autoritarios

En el mismo año, por su parte, Ernesto Sábato también le respondía a Cortázar, diciendo que, aunque la pretensión de los militares había sido la de perpetrar un genocidio cultural, la cultura argentina, con sus limitaciones, continuaba existiendo. De todos modos, Cortázar nunca ocultó que su salida había sido voluntaria. Posteriormente, la Triple A y Videla le impidieron el regreso y su libro Alguien que anda por ahí (con cuentos fantásticos pero que disfrazaban lo implícito del genocidio que se estaba cometiendo) fue censurado en ese entonces.

Otro cruce de acusaciones se produjo entre Sábato y Osvaldo Bayer (exiliado en 1981 y residente en esa época en  Alemania). El autor de El túnel decía que en 1978 había publicado en La Nación un artículo sobre la situación de los DD. HH. en el gobierno militar. Bayer, historiador, periodista, investigador, guionista de cine y también dramaturgo y autor de La Patagonia Rebelde (1974) le contestó que si lo había podido hacer, era porque los militares no lo consideraron una verdadera amenaza.

El 19 de mayo de 1976 fue la fecha elegida por la Junta Militar para convocar a destacados hombres de la cultura para un almuerzo con el general Videla, como señal inequívoca de apoyo de la fracción de intelectuales que no habían colaborado con la llamada “subversión”. Para eso, para blanquear la imagen del gobierno militar, fue que se eligieron a dedo los protagonistas de la reunión. Dos semanas antes, el escritor Haroldo Conti era secuestrado de su casa por un grupo de tareas, y su situación era una incógnita. Sin embargo, nada se dijo en aquella conferencia de prensa en Casa de Gobierno de la desaparición de Conti, ni de ningún otro. De hecho, el propio Sabato dejó en manos del gobierno la difusión de los temas tratados: “Creo, por razones de cortesía, que debe ser la Secretaría de Información Pública la que informe sobre lo tratado“. Semanas después, la revista Crisis, dónde trabajaba Haroldo Conti hasta ser secuestrado, consultó a los protagonistas sobre los temas abordados. La respuesta de Ernesto Sabato a la requisitoria de la publicación fue tajante y muy democrática: “Yo no hago declaraciones para la revista Crisis”. Borges adujo falta de tiempo y no respondió, aunque días antes había reconocido sin rubores el motivo de su visita a Casa de Gobierno: “Le agradecí personalmente (a Videla) el golpe de Estado del 24 de marzo que salvó al país de la ignominia, y le manifesté mi simpatía por haber enfrentado la responsabilidad del gobierno. Yo, que nunca he sabido gobernar mi vida, menos podría gobernar el país”. El sacerdote jesuita, y ex compañero de seminario de Conti, Castellani ratificó después el notorio protagonismo del autor de El túnel en el encuentro: “Sábato habló mucho, y propuso el nombramiento de un consejo de notables que supervisara los programas de televisión. (…) Borges dijo que él no integraría jamás ese consejo de prohombres. Sábato, entonces, agregó que él tampoco. Yo pensé en ese momento para qué lo proponía entonces. O sea que ellos embarcaban a la gente pero se quedaban en tierra“. Por su parte, el presidente de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores), después de explicar que se tocó el tema de la censura y de los derechos de autor, calificó a Videla como “un hombre muy comprensivo e inteligente”, y destacó que cuando le entregó la lista de escritores “que estaban pasando por una situación muy lamentable” la respuesta del militar fue darle garantías: “Nos aseguró terminantemente que cada una de estas situaciones iba a ser analizada y aclarada de acuerdo con la ley, lo que nos tranquilizó bastante”

El escritor Osvaldo Bayer señala que con el advenimiento de la democracia, Sabato intentó justificar esa visita de apoyo a Videla como un reclamo por sus colegas desaparecidos. Los otros comensales desmintieron esa versión de Sabato y relataron que la única propuesta del escritor fue la creación de una comisión de censura para la televisión. En el exilio, Osvaldo Bayer relató como Sabato apoyó a la dictadura promocionando el Mundial de fútbol de 1978 en varios medios. Se destaca una nota en la revista alemana Geo-Magazin, en la que describía a los argentinos como «del color de piel de los europeos» que «comen como los italianos y visten como un inglés».

En 1976, cuando Gelman se encontraba en el exterior denunciando las violaciones bajo el gobierno de Isabel Perón, se produjo el golpe militar. Entre los miles de desaparecidos se contaron Marcelo Gelman, de 20 años, y su esposa María Iruretagoyena, de 19 y embarazada de siete meses. En 1990, Gelman pudo hallar los restos de su hijo y posteriormente rastrear a su nieta, Macarena, en Montevideo en el año 2000.

Algunos títulos y autores

Volviendo a la Muestra 40 años, 40 libros, 40 afiches, 40 impresos, también se pudieron ver escritos de varios autores argentinos desaparecidos como Héctor Germán Oesterheld Puyol (el 27 de abril de 1977 fue secuestrado por las fuerzas armadas en La Plata, habiendo ya desaparecidas y asesinadas sus cuatro hijas; Diana (24), Beatriz (19), Estela (25) y Marina (18). Se convirtió en uno de miles de desaparecidos durante la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional. También desaparecieron y asesinaron sus yernos y nietos vendidos en el mercado ilegal de adopciones de los militares. Suele asegurarse que su desaparición se debió al malestar que producía a los militares la crítica social presente en toda su obra, su biografía del Che Guevara, al alto compromiso político de la última parte de El Eternauta, a su militancia en Montoneros o a una combinación de todos estos motivos) y Joaquín Areta (desaparecido en Junio de 1978). Su poema “Quisiera que me recuerden” fue elegido para un libro de escritos de desaparecidos y leído por el Presidente Néstor Kirchner.

Quisiera que me recuerden sin llorar

ni lamentarme

quisiera que me recuerden por haber hecho caminos

por haber marcado un rumbo

porque emocioné su alma

porque se sintieron queridos, protegidos y ayudados

porque interpreté sus ansias

porque canalicé su amor.

Quisiera que me recuerden junto a la risa de los felices

la seguridad de los justos

el sufrimiento de los humildes.

Quisiera que me recuerden con piedad por mis errores

con comprensión por mis debilidades

con cariño por mis virtudes,

si no es así, prefiero el olvido,

que será el más duro castigo por no cumplir mi deber de hombre.

La exposición también incluyó ejemplares de “¿Quién te crees que sos?”, una especie de autobiografía de Angela Urondo Raboy (hija de poeta  Francisco Urondo y la periodista Alicia Raboy). Hasta los 20 años no supo que era hija de un padre asesinado y una madre desaparecida, y luego de recuperar su identidad hizo un juicio de desadopción. También su hermana Claudia continúa desaparecida. En el libro cuenta lo que recuerda de su secuestro, como fue construyendo sus recuerdos y la crónica del juicio del 2010 sobre víctimas del terrorismo de Estado (referido también a sus padres).

Además se pudieron apreciar libros que abordan investigaciones sobre la dictadura cívico militar desde diversos ángulos como los editados por Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo, testimonios de sobrevivientes y ensayos.

Una muestra de diversos orígenes

García, uno de los organizadores, describió que algunos de esos ejemplares pertenecen la biblioteca, otros fueron donados y otros forman parte de su propia biblioteca.  “Tenemos claro que la exposición muestra un porcentaje ínfimo de todo lo que se intentó destruir pero creemos que es suficiente para representar el concepto que había detrás de la Dictadura” enfatizó finalmente García.

No solo libros

Además de los libros, quienes visiten la muestra podrán apreciar cerca de 40 afiches de manifestaciones populares realizadas en el país y en el exterior. También se exponen Circulares y Resoluciones de la dictadura militar, recopiladas por la Universidad Nacional de Córdoba que eran enviadas a todas las Escuelas Primarias, Secundarias y Universidades del país, que ordenan la prohibición en la enseñanza y en las bibliotecas de estas instituciones de todos los libros ya mencionados. Además de ordenar a los directivos del comportamiento que debían llevar los docentes y que brindaran la información necesaria sobre la “infiltración subversiva en la enseñanza”.

¡Gracias por seguirme, comentar y compartir!

Recuerden que pueden escuchar mi columna todos los martes a las 16.45 hrs  en el programa NUNCA ES TARDE (Lun.-Vier. de 16 a 18 hrs) de Facundo Flores y Federico Carestía que se emite por RADIO X5 FM 91.3 de La Plata, o desde internet: http://www.X5radio.com.ar

Hasta la próxima ❤

Fuentes:  Revista Leemos;  Página 12 ; Wikipedia; Revista Sudestada

Mirta Varela  – Entre la banalidad y la censura http://www.camouflagecomics.com

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4 pensamientos en “Los libros y la censura cultural durante la dictadura argentina (segunda parte) – Columna emitida en NUNCA ES TARDE

  1. Hola, excelente la 2° parte de la Censura Cultural en la Dictadura de Argentina, muy interesante todo el relato y reitero que no vuelva a pasar nunca más.
    Felicitaciones.
    Cata

  2. Reblogueó esto en El Espacio de Luy comentado:
    Sin duda gran trabajo de documentación y perspectivas has realizado con esta entrega en particular. Por ser precisamente de censura, de mostrar la sensibilidad de una sociedad silenciada a la mala, a la brava, contra su integridad. Donde la pérdida de la vida fue un hecho mínimizado por las autoridades mas no por la historia, por la gente que se precia de serlo, ni por la vida misma.

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