Los libros y la censura cultural durante la dictadura argentina – Columna emitida en NUNCA ES TARDE

El pasado lunes 14 de marzo, y para conmemorar el 40 aniversario del golpe cívico-militar de 1976, se llevó a cabo en el hall de la nueva Biblioteca Central de la Universidad Nacional de Mar del Plata, una muestra organizada en forma conjunta por el Colectivo Faro de la Memoria y la propia Biblioteca Central bajo el lema “40 años, 40 libros, 40 afiches, 40 impresos”. La misma estuvo compuesta por libros que fueron prohibidos durante la dictadura, libros de autores desaparecidos y libros de autores exiliados. La exposición permaneció montada hasta el viernes 8 de abril. La gente comentó en los distintos foros lo que le provocó ver  aquellos libros viejos, con tapas ajadas y algo descoloridas. Libros de páginas frágiles… que guardan una memoria más frágil aún. Sabían que eran libros que durante la última dictadura cívico militar estuvieron prohibidos,  cuyos autores fueron detenidos-desaparecidos o que fueron escritos desde el exilio.

Para entrar en el contexto de aquella época diré que en nuestro país, hace cuatro décadas, se vivió un infierno que duró siete años. Los medios no solo contaban el cuentito que querían sino también “organizaban” lo que debía leerse y conocerse. En esa época se prohibieron muchos libros, tanto para adultos como para niños. Textos que representaban el peligro de no reflejar los “valores” que intentaban imponer los ideólogos de aquel plan sistemático de desaparición de libros. Alfonsín asumió en el año 83 y poco tiempo después, comenzó una suerte de revisión de lo pasado, una especie de catarsis donde también se incluía la malograda guerra de nuestras Islas Malvinas.  Algunos periodistas comenzaron a descubrir que los que habían participado del llamado “Proceso”, habían incluido en su lista de “libros peligrosos” a varios libros para niños. Según los censores, algunos esos libros infantiles transmitían ideas imposibles de “digerir”.

El ejemplo quizás más conocido es el de Elsa Bornemann y su libro “Un elefante ocupa mucho espacio“.  Por él, su autora pasó a integrar la “lista negra” de escritores que a partir de entonces se vieron imposibilitados de publicar y difundir sus obras en el país. Su contenido remite al desarrollo de la historia de Víctor, un elefante de circo que se decidió a poner en práctica “una idea tan grande como su cuerpo”, y organizó una huelga general de animales para terminar con la explotación de los domadores. Sin embargo, ese mismo texto literario, en el mismo año de su prohibición en su nación de origen, fue incluido  en la Lista de Honor del Premio Hans Christian Andersen, en el XV Congreso Internacional de Literatura Infantil y Juvenil, en 1976.

Entre los autores contemporáneos figuraban la escritora argentina Beatriz Dourmec y su marido, el ilustrador Ayar Barnes. Había tenido la osadía de publicar un libro que se llamaba Cómo se hacen los niños ( 1974) y luego un sugestivo libro ilustrado La línea ( 1975), que había recibido un inoportuno Premio Casa de las Américas (Cuba). Como dice el libro “Una línea es una sucesión de puntos. La historia una sucesión de hechos. Los puntos hacen la línea. Los hombres hacen la historia”.¿Qué puede hacer un hombre con una línea? Puede dividir o unir, destruir o construir, atacar o defenderse. Un hombre puede abandonar una línea o puede seguirla y marchar sobre ella mancomunadamente junto a otras personas haciendo una historia en común y para todos.

La escritora cordobesa Laura Devetach también había sido incorporada a la lista por un libro, La torre de cubos, de cuyo análisis “se desprenden graves falencias tales como simbología confusa, cuestionamientos ideológicos-sociales, objetivos no adecuados al hecho estético, ilimitada fantasía, carencia de estímulos espirituales y trascendentes”, según sostiene la resolución N° 480 del Ministerio de Cultura y Educación de Córdoba. Podríamos rescatar una perlita: “ilimitada fantasía”.

El periodista Nerio Tello, que hizo un gran trabajo para documentar los temas de censura, dijo: “La idea de mirar para atrás, en esos años, y hoy, es un intento por entender qué nos pasó como sociedad, qué miedo nos heló la sangre; qué ideas nos maniataron que ante un horroroso espectáculo, solo tuvimos reacciones espasmódicas. Por eso, al salir de esa oscuridad, intentamos contar el horror.”

Los fundamentos de la censura cultural de aquella época

La última dictadura cívico-militar consideraba que la desaparición del libro como símbolo de esos pensamientos subversivos o revolucionarios en contra de los valores que ellos buscaban imponer formaba parte de ese plan de censura cultural. Era un proyecto de control, censura y producción de cultura tanto en la educación como en la cultura y la comunicación. Es un error creer que los militares eran todos brutos y por eso lo hicieron. Los analistas de aquella época saben que se trató de una imagen que los ideólogos del Proceso alimentaron para que no se tuviera en cuenta su mala capacidad deproducción técnica, cultural y científica. Pero, lamentablemente, no se puede soslayar que los intelectuales civiles fueron una parta activa e importante de ladictadura, fueron socios en un mismo proyecto.

Durante las dos semanas posteriores al golpe militar del 24 de marzo de 1976, los responsables de publicaciones escritas debieron acercar su material a una oficina ubicada en la Casa de Gobierno para que el personal de inteligencia autorizara su publicación. En este marco, el Comunicado N° 19 de la Junta Militar establecía: “Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o a personas o a grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o de terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta 10 años el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar la actividad de las fuerzas armadas, de seguridad o policiales.”

Con una fórmula provocadora se denominó Servicio Gratuito de Lectura Previa a la oficina de censura que funcionaba en la Casa Rosada. Por otro lado, desde la Secretaría de Prensa y Difusión se hizo llegar a los distintos medios los dieciséis principios y procedimientos, entre los que se destacaba la obligación de “inducir a la restitución de los valores fundamentales que hacen a la integridad de la sociedad, como por ejemplo: orden, laboriosidad, jerarquía, responsabilidad, idoneidad, honestidad,dentro del contexto de la moral cristiana”.

Desde el punto de vista educativo, el régimen militar restringió las posibilidades de acceso de los sectores de más bajos recursos a los niveles de enseñanza secundaria y terciaria, y la crisis económica incrementó, además, la deserción escolar primaria. Correlativamente a este proceso, se produjo una baja en la producción y circulación de diarios y revistas. El 24 de marzo de 1977, a un año del golpe, el periodista Rodolfo Walsh publica su “Carta abierta de un escritor a la JuntaMilitar”, antes de ser secuestrado y desaparecido. En ella realiza un balance de ese primer año de gobierno, denunciando la censura de prensa y la persecución a intelectuales, la desaparición de personas y la miseria económica, entre otras atrocidades producidas por el gobierno de facto. En este contexto, se destacó la posición adoptada por el Buenos Aires Herald -único diario escrito en inglés –, que si bien apoyó la intervención militar, pronto se convirtió en el medio al que acudían los familiares de los desaparecidos para difundir su búsqueda a través de solicitadas y cartas de lectores, que eran publicadas mientras otros medios se negaban a hacerlo. Se trataba de un medio con fuerte presencia entre los diplomáticos, y su clausura habría sido perjudicial para la imagen internacional del gobierno militar. Si bien estaba íntegramente escrito en inglés, los editoriales se publicaban también en castellano y desde ellos, a partir de 1977, el director Robert Cox mantuvo una línea editorial de denuncia y defensa de los derechos humanos. Clarín y La Nación apoyaron la persecución y boicot al Herald porque sus ventas superaban a ambos diarios en cuatro veces.

Cómo funcionaba

“Prohíbese en todo el territorio de la Nación la distribución, venta y circulación del libro y secuéstrense los ejemplares correspondientes.”

Apenas una oración de las tantas que aparecen en los decretos que salieron a la luz en julio de 2013 a través del Boletín Oficial y dan cuenta de diferentes publicaciones que fueron censuradas por la Dictadura liderada por Jorge Rafael Videla, entre marzo de 1976 y marzo de 1981. La justificación en cada caso, es simple: el secuestro de una publicación se encuentra dentro de las facultades privativas del Poder Ejecutivo Nacional acordadas por el artículo 23 de la Constitución Nacional. Es decir, con esa premisa, cada libro que pudiese atentar contra los intereses de turno, representaba una amenaza y decidían sacarlo de circulación.En este caso, el “argumento” fue que los textos prohibidos  “coadyuvan a mantener y agravar las causas que determinaron la implantación del estado de sitio”. Los doce decretos, que pueden verse a través de la web del boletín oficial, no sólo apuntan a los textos literarios sino que buscan mantener el control de toda el área cultural.

La obra de Haroldo Conti, el escritor argentino detenido y desaparecido en mayo de 1976, también fue prohibida por la Dictadura, que ordenó el secuestro de los ejemplares de “Mascaró – El cazador americano”, de Editorial Crisis por considerar que “pone de manifiesto por su contenido e intencionalidad, tendencias disociantes y metodologías de reclutamiento para la acción de la subversión armada”. Lo mismo ocurrió con el libro “El Marxismo Leninismo doctrina viva y eficiente”, cuya lectura podía provocar, de acuerdo al decreto, “conductas atentatorias a la armonía”.

Las nombres prohibidos de la dictadura

Los militares tomaron como criterio para la clasificación de las personas incluidas en las listas su grado de su supuesta vinculación con la “ideología marxista”. De este modo, en sus disposiciones, la Junta Militar detallaba cuatro “fórmulas” para catalogar a las personas, que partían desde la 1, “sin antecedentes ideológicos marxistas”, y llegaban hasta la 4, “registra antecedentes ideológicos marxistas que hacen aconsejable su no ingreso y/o permanencia en la administración pública, no se le proporcione colaboración, sea auspiciado por el Estado, etc.”. La famosa  “Fórmula 4“, grupo que incluía a intelectuales, periodistas, artistas y comunicadores que, según la Junta Militar, supuestamente revestían el mayor nivel de peligrosidad.En tanto, la llamada “Fórmula 2” para la catalogación de personas era destinada a personas cuyos antecedentes “no permiten calificarlo desfavorablemente desde el punto de vista ideológico marxista” y, la “Fórmula 3“, a quienes -a criterio del régimen- registraban “algunos antecedentes ideológicos marxistas pero los mismos no son suficientes para que se constituyan en un elemento insalvable para su nombramiento, promoción, otorgamiento de beca, etc.”.

                                          formulas dictadura

La primera “lista negra” encontrada data del 6 de abril de 1979 y contiene a 285 personas calificadas bajo la categoría “Fórmula 4”, destinada a quienes según los militares registraban “antecedentes ideológicos marxistas”. La cartera de Defensa destacó en un comunicado que “es falso” que las llamadas “listas negras” hayan tenido sólo incidencia “en la contratación dentro de organismos estatales”. A pesar de que entre los hallazgos hay una disposición que dice que “corresponde aclarar que los medios privados de comunicación social no tienen ninguna limitación al respecto“, el ministerio remarcó que “en la práctica, esto no funcionaba así: ningún medio de comunicación privado se animaba a contratar a alguien señalado como `Fórmula 4` por la dictadura”.

Las actas encontradas dan cuenta de un cambio de postura del régimen dictatorial tras la guerra de Malvinas, cuando la Secretaría de Información Pública ordenó “marcar una transición hacia la vida institucional plena del país” y recomendó “permitir trabajar en los medios de comunicación social administrados por el Estado” a personas que habían sido catalogadas bajo la “Fórmula 4”. En esa etapa final de la dictadura la Junta Militar comenzó a desafectar nombres del listado de “Fórmula 4”, excepto por 46 personas que la SIP recomendaba que no cambiaran de categorización. En esa lista quedaron, entre otros, el escritor Julio Cortázar y el poeta y escritor Armando Tejada Gómez.

 

Espero vuestros comentarios. Sé que es un tema sensible, pero no se puede soslayar lo que ocurrió con la cultura. Por eso debemos conocer para aprender y que no se repita.

¡Y gracias por seguirme y compartir!

Recuerden que pueden escuchar mi columna todos los martes a las 16.45 hrs  en el programa NUNCA ES TARDE (Lun.-Vier. de 16 a 18 hrs) de Facundo Flores y Federico Carestía que se emite por RADIO X5 FM 91.3 de La Plata, o desde internet: http://www.X5radio.com.ar

Hasta la próxima ❤

Fuentes:

-Revista Leemos – Página 12 – Wikipedia -Revista Sudestada

-Mirta Varela  – Entre la banalidad y la censura http://www.camouflagecomics.com

 

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6 pensamientos en “Los libros y la censura cultural durante la dictadura argentina – Columna emitida en NUNCA ES TARDE

  1. Reblogueó esto en El Espacio de Luy comentado:
    La libertad de acción y prácticamente de pensamiento, se vieron afectados en un punto de la historia Argentina. Con pérdidas lamentablemente humanas, simplemente porque ” no piensas como Yo y todo lo que dices o publicas son confabulaciones hacia mí, o mi régimen ” Lamentable que esa ignorancia y arrogancia, siga latente en muchos lugares del mundo.

  2. Un tema sensible sin duda.

    Por las fechas, me pregunto si en parte, esta medida “protocolaria” se viera creada por un contexto mundial, a raiz de los distintos movimientos sociales provocados por las universidades en distintos países. Braudel es el primero en denominar al movimiento “Revolución cultural de 1968” , caracterizado por revolucionar para siempre los tres principales espacios de recreación de la cultura: la familia, los medios de comunicación y la escuela.

    Escenarios sin duda tristes, en una lucha que si bien, no queremos se repita, sigue presente y constante. La libertad de expresión es coartada y los desaparecidos siguen…la memoria débil, prevalece aún.

    • Claro que sí! Pensá que en la época que se gestó este mal llamado “proceso de reorganización” en otros países hermanos y latinoamericanos se daba la misma situación. Y rescato tus palabras: “la memoria débil prevalece aún”… Gracias y un besote ❤

  3. Muy interesante el tema de ayer y muy sensible para muchos, esperemos la segunda parte y que no haya nunca más censura de ninguna naturaleza.
    Felicitaciones como siempre..
    Cata

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