¿Mejor el libro o la película? Cuando cine y literatura se entremezclan (Columna emitida en Nunca es Tarde)

Si les dijera que un bestseller será llevado al cine, ¿ustedes preferirían leer el libro antes que ver la película sobre esa novela? ¿O ver si la película les gusta y luego leer el libro? Antes de seguir, quiero dejar por sentado que SIEMPRE prefiero leer una novela para darle el marco y elegir en mi cabeza la fisonomía de los personajes que yo quiero, o imaginarme sus voces o reacciones particulares.

Los autores no tenemos en cuenta cuestiones audiovisuales a la hora de narrar, o al menos no las consideramos determinantes de la historia o ciertas escenas. Solo buscamos transmitir, sin importar lo visual o la extensión en cuanto a horas de filmación o si ciertas situaciones no podrán ser filmadas por lo complejas. Contamos con nuestra imaginación y la del lector. Nada más que eso es relevante. Si hacemos un ejercicio de pensamiento, nos daremos cuenta que una escena que como escritores nos puede llegar a llevar una carilla o dos, en el cine solo tomará segundos.

Cuando nuestra novela favorita se lleva a la pantalla grande vamos con la mejor expectativa para ver el mismo cuentito que creamos en nuestra mente mientras la íbamos leyendo o escribiendo. Es ahí cuando puede llegar a producirse una ruptura brusca de esas expectativas cuando esas expresiones se encuadran en una realidad distinta a la que el lector se acostumbró en su cabeza mientras leía esas páginas. Esto puede jugarnos en contra a los escritores cuando la gente sentencia: “Si la película es mala es porque el libro debe ser peor”.

Hay gente que depende exclusivamente de la alimentación audiovisual para poder disfrutar de un hermoso libro. ¿Y eso es un pecado? No lo creo. A pesar de ser una lectora que devora libros, y escribo para que me lean e imaginen mis historias casi como yo las idee, entiendo que el impacto sea más rápido e inmediato a través de la imagen y no de las palabras. Por eso celebro cualquier medio que impulse a una persona a leer. En este caso, si una película bien realizada motivó a que alguien corra a una librería para leer a ese autor, bienvenido sea.

Vamos a diferenciar entre:

El guión original: Cuando el guión se escribe exclusivamente para la película. El cine tiene su propia forma de narrar historias y por eso es lógico que muchas películas se basen en guiones originales. Por ejemplo, Spotlight, la última ganadora del Oscar a Mejor Guión. No tenía libro que precediera a la película, sino que se trató de una historia original para el cine.

El guión adaptado o adaptación cinematográfica: Es la adecuación de una historia a los requerimientos específicos de la narración cinematográfica. Comúnmente suele denominarse de este modo la transposición a guión cinematográfico de cuentos, novelas u obras teatrales. Ejemplo, la Trilogía El Padrino de Mario Puzo. En este caso, el autor trabajó con el director, Francis Ford Coppola, y las dos primeras partes ganaron el Oscar a Mejor Guión Adaptado (1972 y 1974).

De hecho, la novela ha sido y sigue siendo, una frecuente fuente de inspiración para el cine. Cientos de obras conocidas se han llevado a la pantalla. Pero también se han cometido desastres como la adaptación de películas fuera de su contexto original, como “El Secreto de sus Ojos” (“La pregunta de sus ojos”, su título original), una película contextualizada en plena dictadura argentina, y llevada a un contexto moderno en Estados Unidos (país pionero en esto de destruir películas por la necesidad que estén habladas en su idioma original). Está ahí la elección del escritor de participar en la adaptación o no “venderse” sabiendo que será un fiasco la película.

A mi entender, los principales problemas para convertir una novela en guión de cine son:

  • La extensión y la duración, o sea, el tiempo y el metraje de la película. Hay films en los cuales uno se da cuenta que no estuvo bien editada alguna parte o le faltó contenido principal que conduzca a la escena siguiente. Para trasladar sin distorsionar, o para llevar al cine con dignidad, una novela larga como «Los Miserables» serían necesarias muchas horas de película. Para evitar ese problema, un buen guionista debe seleccionar la acción principal de la novela y procurar contarla en no mucho más de cien páginas. Esa es la medida aproximada de una película que dura hora y media. En el caso de Cincuenta Sombras de Grey que su autora E.L. James participó de esa adaptación trabajando en el guión para cine, incluyendo algunas escenas que no están en la historia original, o cambiando situaciones. Otra cosa desacertada para las que leímos la trilogía y que tanto nos gustó la historia.
  • También existe la dificultad de fotografiar los sentimientos y pensamientos íntimos o poéticos que se describen en las novelas. En ocasiones, hay directores que consiguen traducir en imágenes esos sentimientos, la complejidad psicológica de los personajes y de las situaciones, pero lo cierto es que son más adecuadas para llevar al cine las novelas en las que predominan las aventuras, las situaciones cómicas y las claramente dramáticas o sentimentales. Eso lo sentí con la película de la novela “El amor en los tiempos del cólera” de García Márquez en la cual simplificaron el amor y la espera que Florentino Ariza le tuvo a Fermina Daza (53 años) sin mostrar la construcción paulatina y obsesiva de ese amor, o las circunstancias extraordinarias que los llevaron a separarse. En mi opinión, arruinaron una obra maestra.
  • La plasmación lingüística a veces es necesariamente mucho más sutil y compleja en el libro y, como es lógico, desaparece casi por completo en la versión cinematográfica para no bloquear el seguimiento de la acción. O la hipercaracterización de los personajes mediante el uso de adjetivos (por ejemplo, el magnífico, sexy, morocho, inteligente y la bella rubia con caderas perfectas). En realidad, algunos de los “préstamos de frases” que emplean los protagonistas se usan con un propósito meramente lúdico, más para jugar con el conocimiento compartido por los lectores que para comunicar. Ambos referentes, el lingüístico y el visual, se distorsionan al ser tamizados a través de la experiencia particular de cada Director de cine o de cada persona que adapte esa historia, llevando a la cima o destrozando para siempre la historia del escritor.

En cuestiones de sintaxis cinematográfica algunas películas no son rupturistas en absoluto. Es más, llegan para simplificar ciertos matices del libro a través de la imagen. Por ejemplo, “La Ladrona de Libros” (Markus Suzak), o “Lo que el Viento se Llevó” (Margaret Mitchell). Ambas novelas transcurren en el medio de dos guerras enormes por su crueldad y, sin embargo, la pantalla ofrece el reconocimiento instantáneo de la imagen por parte del espectador para ofrecerle una sacudida al darle la vuelta a la relación entre estos signos y su significado oficial. Por suerte, y en la mayoría de los casos, se respetan bastante los textos y eso hace que disfrutemos. Aunque no podemos hablar de originalidad visual cuando se está utilizando una estructuración narrativa convencional.

                                                         viento

Para terminar, les dejo una lista de libros que me gustaron y fueron bien llevados al cine:

-Los Miserables  – Víctor Hugo (la versión con Liam Neeson y Geoffrey Rush, de 1998)

-El pianista del gueto de Varsovia – Władysław Szpilman (adaptada y dirigida por Roman Polansky como El Pianista en 2002)

-Misery – Stephen King (adaptada por William Goldman con el mismo nombre en 1990)

¿Y ustedes qué prefieren? ¿Libro o película?

Espero vuestros comentarios. ¡Y gracias por seguirme y compartir!

Y acá les dejo el link del programa:

 

 

Recuerden que pueden escuchar mi columna todos los martes a las 16.45 hrs  en el programa NUNCA ES TARDE (Lun.-Vier. de 16 a 18 hrs) de Facundo Flores y Federico Carestía que se emite por RADIO X5 FM 91.3 de La Plata.

Hasta la próxima

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3 pensamientos en “¿Mejor el libro o la película? Cuando cine y literatura se entremezclan (Columna emitida en Nunca es Tarde)

  1. Aunque hay películas que tienen el detalle de cuidar su esencia, definitivamente leo el libro. Quizá por ello me frustra esperar la escena y ¡sorpresa: la cortaron o la cambiaron. Por ejemplo de libros que disfruté y con las películas me dieron pena ajena: 50 Sombras de Grey, Crepúsculo y las 2 últimas entregas de Harry Potter Aunque para gustos, los colores yo prefiero leer. Que sigan los programas!

    • Claro, Lu! Creo que 50 Sombras es el ejemplo explícito de lo que decimos. Y El Amor en Los Tiempos de Cólera fue una gran decepción. Una película amorfa y chata que no transmitía ese gran amor… GRACIAS por tus deseos, reblog y comentarios ❤

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